A solas con la escritura

La escritura es un acto solitario, en la mayoría de casos. Un pequeño
ejercicio autocomplaciente en que nos demostramos lo interesantes que nosotros mismos nos creemos

Con el tiempo, uno puede llegar a olvidarse de estar solo. Solo con sus propios pensamientos, decidiendo qué hacer y qué no hacer a cada minuto y segundo. Solo para disfrutar o odiar la soledad. La soledad es como una mala película pretenciosamente profunda. Tras unos días a solas, se crea una falsa sensación de que tus pensamientos se vuelven más oscuros, tu mente un poco más despierta, tus reflexiones más afiladas e interesantes, tu labia más despejada que nunca. Una burda ilusión de lo que queremos ser en nuestra mente, una idealización del yo que pretendemos ser en nuestra mente cuando hablamos con nosotros mismos. A solas nos sentimos como queremos ser pero que por razones varias no podemos.

Claro que este es mi caso, no pretendo hacer una gran generalización. Yo siempre he sido un poco lento con las palabras, he ido volviéndome mejor orador con el tiempo, ya que por razones profesionales es necesario que sepa hablar en público, pero cuando hablo conmigo mismo, oh... todo es muy distinto. Las palabras fluyen por sí solas, la entonación es adecuada, al igual que la cadencia, en mi mente tengo la labia del mismo Demóstenes. Quizá por eso desde hace ya unos cuantos años que me ha gustado escribir, como si de un diálogo interno conmigo mismo se tratara, en el que me convenzo y me refuto a mí mismo simultáneamente. Este es un proceso que curiosamente no me pasa al escribir a mano, probablemente sea porque mientras que sí que soy capaz de escribir muy rápido a máquina, a mano soy lento y mi letra es bastante confusa, eso por no hablar de que a veces me salen tendinitis en la mano si estoy mucho tiempo escribiendo y me duele.

Gracias por leer mi blog, quienes sigáis haciéndolo. Quienes no, también, porque al menos habéis leído esta entrada, y los que sólo hayan leído esta frase porque es el último párrafo también, gracias, porque al menos habéis mostrado interés de adónde quería llegar con todo esto (a nada, os lo digo ahora).

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