Perros y lobos; el salto entre las características y los objetos

A la izquierda un lobo, en el centro un perro husky y a la derecha un perro carlino.
Si quisiéramos preguntarnos cómo definimos a cualquier objeto o ser vivo, probablemente nos pondríamos (incorrectamente, porque para algo está la taxonomía en biología) reglas sencillas que nos permitieran distinguirlo. Por ejemplo, puedo definir un plátano como una fruta de piel gruesa y amarilla, que es dulce y carnosa al morder. ¿Pero funciona siempre? Desde luego que no, habréis supuesto sólo de ver la imagen que corona como hay un lobo a la izquierda y dos perros a la derecha... ¿es visualmente coherente que un perro carlino sea de la misma especie que un husky?

Es decir, a veces el conjunto de características no hacen al objeto. Parte del arte moderno de hecho estudió este mismo fenómeno. Todo lo que tiene dos ojos, nariz, pelo largo y labios pintados es un ser humano de género femenino... ¿verdad? 

Figuras en la costa, Pablo Picasso 1931
El cubismo y otros movimientos artísticos deconstruyeron ese salto cualitativo entre las características de un objeto y el ser de ese mismo objeto. En la obra de la imagen, podemos ver una pareja besándose, despliega erotismo, pero no por lo que muestra sino por lo que sugiere. Nuestra mente lee las características codificadas en la obra y las reproduce de nuevo en su mente sugiriéndole sensaciones. Pero no por su conjunto, que si lo viéramos en vivo y en directo nos resultaría tan erótico como un codo rugoso.

Pero sin embargo, es precisamente en esta deconstrucción de las superficies de la realidad donde reactivamos nuestra mente. Una foto de una pareja besándose desnudos en la playa no me resultaría tan sugerente como estas piernas literalmente enroscadas y esos pechos caricaturizados destacándose perpendiculares a nuestra vista, destacados tanto como las mismas lenguas para ampliar las sensaciones.

Este mismo ejercicio se realiza en cualquier arte que imite la realidad. Existe una tensión entre los objetos y sus características. Resulta un salto cualitativo semejante al salto estadístico que gobierna las leyes de la termodinámica. La velocidad de las partículas la medimos en promedio como la temperatura de la misma manera que en promedio vemos la obra de Picasso como representaciones de una realidad, vemos que tiene características propias de los objetos que representa, pero sin embargo aumenta la tensión aplicándole un nivel conceptual de absurdidad.

Aunque no lo parezca, la imagen no está trucada... ¿incumple la geometría euclidiana?
La tensión entre la sensualidad de las características y la realidad de los objetos ha sido perfectamente explotada por autores como HP Lovecraft. En sus historias describía mundos en los que las reglas de la geometría euclidiana no se cumplían en los que si dibujábamos un cuadrado con aristas de 90º quizá no tenía cuatro lados sino tres. Somos incapaces de concebir un mundo cuya geometría no sea euclidiana, pero la característica sensual aumentaba la tensión con la realidad. Los mejores autores no suelen describir el objeto, sino sus características. Es mucho más sugerente saber que Sauron es la crueldad encarnada, que ansia su anillo por encima de todo, que preguntarse por cuántos pinchos tiene su casco o si con un espadazo mataba a 5 o a 10 soldados de la última alianza entre humanos y elfos..

Creo que los humanos lo único que intentamos siempre es entender la realidad. Es por eso que existen pseudociencias. Entre las características sensuales de la existencia y la realidad de los objetos que conforman lo que conocemos existe una tensión no resuelta a menos que seamos capaces de abstraernos del conocimiento... ¡eso cuando podemos! La imagen superior nos deja en tensión, hasta que vemos el juego de perspectivas que lo forma.

No os preocupéis, la geometría euclidiana se sigue cumpliendo
Está claro que en el mundo hay muchos saltos fenomenológicos entre las características y los objetos. Son distintos niveles de conocimiento, distintas gafas con las que entendemos la realidad. Pero no tenemos que fiarnos simplemente de ellas. Sabemos que, aunque sean muy distintos entre sí, un husky y un carlino son perros y ese canino grandullón con mirada profunda es un lobo. Quizá porque unos aúllan a la Luna y los otros no, o simplemente por pura inferencia. La realidad es tan compleja como seamos capaces de percibirla.

Comentarios

Entradas populares